lunes, 1 de junio de 2009

DENOTACIÓN Y CONNOTACIÓN

INTRODUCCIÓN

El siguiente trabajo tiene como abordar todos los aspectos relacionados con las la denotación y connotación de las palabras en el lenguaje, también sobre los signos y su estructura interna.
En éste sentido, la connotación y denotación de las palabras en el lenguaje se refiere a todas los tipos de expresiones de una realidad significativa por lo cual siempre las palabras y los significados en general tienen una extensión o dominio de aplicabilidad en el plano de lo denotativo, y un conjunto de propiedades o características en el plano de lo connotativo.
En el presente trabajo se trata de hacer referencia a los diferentes tipos de signos, y la realidad de lo que quiere significar a otra cosa, es decir, cualquier signo forma parte de la cultura en que se usa.


DENOTACIÓN Y CONNOTACIÓN

Dentro de la gramática encontramos el criterio semántico que se refiere a las significaciones, denotación y connotación de los signos en el lenguaje. Del cual podemos decir que todo signo tiene designado, pero no todo signo denotado. Explicaremos mejor esto. Cualquier cosa que usemos como signo, sin excepción, significa algo. Sin embargo, no siempre eso que es significado por el signo, tiene o tuvo existencia concreta. Puede ocurrir, como de hecho ocurre, que el contenido de ese signo sea una construcción de alguna o algunas personas con o sin un fin específico.

Ejemplo:

Por ejemplo, “centauro” o “unicornio” son signos que no tuvieron ni tienen algo concreto que significar, y no por eso decimos que no significan nada.
Cada uno en su caso designa una entidad, una producción (mítica en este caso, de ficción en otro, o simplemente una mentira: significar algo que no tiene su correlato en la realidad) de la cultura, sin denotado o referente (aun cuando estos dos conceptos tienen o se aplican en semiótica de modo diferente, nosotros no usaremos aquí esa distinción y los tomaremos como equivalentes).
Tener denotado implica que puedo reconocer el referente; es decir, el objeto, el hecho o la circunstancia a la que el signo hace referencia. ¿Por qué es importante esta distinción? Sencillamente, porque con los signos se construyen lenguajes (lenguaje verbal, escrito, visual, publicitario, cinematográfico, matemático, etc.). Con los lenguajes se cumplen distintas funciones: se puede informar (o desinformar), se puede divertir, se puede ordenar, se puede expresar sentimientos, se puede decir la verdad o se puede engañar.
El contenido de un signo es la idea que nosotros adquirimos sobre una cosa, hecho o situación que puede o no existir. El referente es cualquier cosa concreta significada por otra, y la expresión de un signo es el material con que se elabora o se expresa un significante.
Podemos distinguir cuándo un signo o un conjunto de signos (una palabra, un texto, una imagen) se refiere a un objeto que realmente existe, o cuándo un signo no hace más que asignar un contenido sin referente. Designar es expresar el contenido y no el referente. Sin embargo, siempre que designamos el contenido de un signo, invariablemente le añadimos nuestras propias connotaciones, que en cualquier caso están condicionadas por el medio en el que vivimos.

Ejemplo:


Normalmente los sectores medios y altos de la sociedad hacen una valoración de los sectores populares de acuerdo con su forma de vida (también los sectores medios y altos de acuerdo con sus propios condicionamientos, sólo que el peso y la incidencia que estas valoraciones pueden tener y la difusión que pueden alcanzar es tan escasa, que no alcanzan a gravitar en el conjunto).



La denotación

Permite construir premisas inciertas e hipotéticas.

Ejemplo:

Cuando observamos que en un cenicero hay un cigarrillo apagado, pero del que todavía sale humo, presumo que alguien estuvo en ese lugar un instante antes. Esa presunción la obtengo por una abducción del tipo: “Aquí no hay nadie. Sin embrago, en ese cenicero hay un cigarrillo que fue apagado no hace mucho. Por lo tanto, alguien pasó por aquí hace un instante”. Luego, la inducción y la deducción me permitirán probar o desmentir mi hipótesis. Por eso, la abducción pertenece a la lógica del descubrimiento, mientras que la inducción y la deducción pertenecen a la lógica de la prueba, porque necesitan partir de premisas ciertas, comprobadas o aceptadas, y explicitadas.

El conocimiento que obtenemos a partir de las interpretaciones que hacemos por abducción es siempre aproximado y falible. Eso significa que puede corregirse y reformularse. De manera que hay que tener en cuenta que la abducción no conduce a verdades absolutas, sino sólo a aproximaciones de la verdad. Pero ése es justamente su objeto: hacernos ir más allá de lo que sabemos, a partir de sucesivos descubrimientos.
En el tratamiento teórico usual, la denotación es definida por su literalidad mientras que la connotación consiste en el valor simbólico. Esta oposición, que se funda en la disyuntiva entre sintagmática y paradigmática, puede ser, primero, profundizada, explorando su sentido y segundo, criticada en base a los desarrollos posteriores de la teoría del discurso.
Que la denotación sea literal significa que se basa en un estrato material y físico, que no es el objeto referencial, sino que el significante. La connotación es más abstracta, no está pegada al significante. El eje de la denotación y connotación no puede basarse en la arbitrariedad.
Si se entiende que la denotación posee un significado cristalizado, fosilizado, como el incluido en los diccionarios, se verá a la connotación como teniendo, en cambio, un significado más socializado, más ligado a los códigos, y a la subconsciencia del hablante. De esta manera, se llega fácilmente a la conclusión que la denotación es más informativa mientras que la connotación es más valorativa.
Parecería que el regente de la denotación sería el significante, mientras que el factor determinante en la connotación sería el significado.
La pura denotación podría ser entendida como pobreza comunicativa o precisión informativa.

La connotación

Por su lado, podría ser vista como ampliación comunicativa, ya que enriquece el lenguaje, dado que a las denotaciones ya consabidas se agregan connotaciones vitales. Lo importante es que el lenguaje no puede ser reducido a lo mimético, y en consecuencia, los fenómenos comunicativos no pueden ser juzgados sólo desde el punto de vista de la referencialidad. El lenguaje, como sistema de signos central, puede ser analizado a partir del grado de connotación que se sume a la denotación.
Ya no es posible pensar que la denotación sea la idea principal y la connotación la idea accesoria. Es difícil establecer en general y en los casos concretos donde termina la denotación y donde empieza la connotación ya que ambos polos existen. La denotación es sin duda más indicativa que la connotación, que es más llamativa.
Los procesos de denotación y connotación deben ser diferenciados, pero, al mismo tiempo, deben ser concebidos como partes de un mismo proceso. En la denotación, la extensión del concepto parecería ser decisiva. En la connotación, lo esencial es la decodificación. Tanto la denotación como la connotación son culturales y en ambas hay emotividad.
La denotación ejemplificaría la función nominativa por excelencia, la referencialidad, con carácter objetivo, puesto que estaría captando el mundo real, mientras que la connotación sería pura subjetividad, dado que no estaría apuntando al ontos existente sino que hacia el interior del lenguaje.
La denotación es el significado primigenio y general de un vocablo, válido para todos los hablantes del mismo idioma, aunque, de hecho, se emplee más en unos lugares que en otros, e incluso no se conozca ni se emplee nunca en determinados sitios. Connotación, en cambio, es un significado específico, que un vocablo tiene para una persona determinada o dentro de unas determinadas circunstancias.
La denotación (la referencia a información de datos explícita) y la connotación (la interpretación más subjetiva de un mensaje basado en códigos ideológicos y culturales).

Ejemplos:

La palabra operación, por ejemplo, para un médico y dentro de un informe médico, para un militar y dentro de un parte de guerra, para un profesor de matemáticas y dentro de una clase de esa asignatura o para un banquero o financista dentro de un informe bursátil, adquiere en cada caso una connotación diferente.
Cuando suena una alarma de incendios en una oficina, el sonido denota fuego y connota evacuación. Puede darse el caso que la misma denotación tenga una connotación completamente diferente para un bombero y, lo más probable, es que la connotación para un pirómano sea diferente a las anteriores.


• Denotación.
Significado real de una palabra.
Lluvia ! gotas de agua que caen.

• Connotación.
Significado personal e individual de una palabra.
Lluvia ! tristeza, melancolía.


Otro ejemplo:

Perro


Denotación
animal vertebrado, mamífero, canino

Connotación
compañía, protección, fidelidad,
docilidad, mala persona, etc.

El ejemplo anterior de la palabra “perro” nos ha servido para diferenciar el valor denotativo del valor connotativo. Pero también ejemplifica la íntima relación entre ambos significados. El idioma es algo dinámico y constantemente se crean nuevos valores connotativos, mientras que otros desaparecen o se llegan a lexicalizar hasta adquirir tal fuerza referencial que se convierten en una segunda acepción denotativa de la palabra.

Es decir, asociamos el valor denotativo con el sentido explícito de las palabras, y el valor connotativo con un sentido sugerido, figurado, simbólico; pero entre ambos significados existe siempre una relación, aunque a veces sea tenue: el significado connotativo presupone el significado referencial denotativo. En este sentido decimos que la denotación es más “indicativa”, mientras que la connotación es más “evocativa”. Ambas dimensiones de significación son partes de un mismo proceso en el cual establecemos relaciones: asociamos el significado denotativo con la relación entre el signo y su referente (la palabra “perro” con un mamífero de la familia de los caninos), el significado connotativo relaciona el signo y su referente con otros signos de la cultura (por ejemplo, la palabra “rojo” y su significado como color, lo podemos asociar con la bandera comunista y darle el valor connotativo de la ideología comunista). En los textos escritos, las obras didácticas y los tratados hacen uso con preferencia de un lenguaje denotativo, mientras que en literatura se valora el lenguaje connotativo.

EL ESQUEMA ACTANCIAL

Desde la semántica estructural de A.J. Greimas y desde las "Deux cent mille situations dramatiques" de Souriau y en lo directo de los trabajos de W. Propp sobre los cuentos rusos, podría construirse un modelo de base, una sintaxis, con la ayuda de unidades llamadas "actantes"(por Greimas siguiendo a L. Tesnière) que no pueden identificarse con personajes.

Ubersfeld en (1974) hizo una presentación completa del modelo. Allí se encontrarán también sus comentarios y algunas propuestas de transformaciones ya que lo adapta al texto teatral (en especial invertiendo las posiciones del "Sujeto" y del "Objeto" respecto de la inicial propuesta greimasiana; p. 58 a 118). Tomamos aquí algunos elementos de esta exposición.

"El modelo actancial, dice Greimas, es en primer lugar la extrapolación de una estructura sintáctica. Un actante se identifica con un elemento (lexicalizado o no, un actor o una abstracción) que asume en la frase de base del relato una función sintáctica: están el sujeto y el objeto, el destinatario, el oponente, el ayudante, cuyas funciones sintácticas son evidentes; el destinador cuyo papel gramatical es menos visible y pertenece, si puede decirse, a una frase anterior (D1 quiere que S...) o, según la gramática tradicional, a un complemento de causa".
Greimas simplificó el modelo de W. Propp y de Souriau que presentaba 7 funciones.

La frase implícita en el esquema es la siguiente: una fuerza (o un ser D1) quiere algo. Llevado por su acción, el Sujeto S busca un objeto O en provecho de un ser D2 (concreto o abstracto). En esta búsqueda, el sujeto tiene aliados A y oponentes OP. Cualquier relato puede reducirse a este esquema de base que visualiza las principales fuerzas del drama y su papel en la acción. Es mucho más sencillo establecer este esquema (o esquemas transitorios) cuando la estructura polémica del relato (para hablar en términos de C. Brémond) es muy evidente (historia simple con una estructura canónica). Apuntemos que Greimas volvió sobre este esquema, especialmente sobre las nociones de ayudante y de oponente (cf. Diccionario).



BIBLIOGRAFÍA

• DALLERA, Osvaldo Alfredo, Colección “Comunicación” Signos, comunicación y sociedad. Ediciones Don Bosco Argentina, 1990

• Revista Electrónica de Epistemología de Ciencias Sociales
Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Chile Nº4 - Diciembre – 1998

• SHARE, Jeff “Educación mediática para la justicia social: Una perspectiva estadounidense”http://www.uned.es/ntedu/espanol/master/primero/modulos/teoria-de-la-representacion/JSS-Media-Ed-Sp.htm

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